Déjenlo en su mundo, un mundo muy poco profundo, donde no se rie, donde no se llora, donde no se vive a pleno ni el presente ni el ahora.

domingo, 15 de agosto de 2010

Todavía siento ganas de llamarla alguna vez y decirle que cuando ella se fue un viento me arranco de pie.
Todavía que respiro, nena, cuando salgo a nadar por un mar oscuro, dónde todo es duro y el agua se hace cristal.
 

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