Déjenlo en su mundo, un mundo muy poco profundo, donde no se rie, donde no se llora, donde no se vive a pleno ni el presente ni el ahora.

domingo, 2 de mayo de 2010

"Laura en blanco y negro"

Aproveché y te pregunté si alguna vez habías estado enamorada. Te lo pregunté en pasado, me acuerdo. No quise hablar en presente y arriesgarme a una desilusión, como si lo nuestro fuese sólo un momento, una fugacidad en medio del caos mayor de nuestras vidas.
—No, nunca.
—¿Nunca, segura? ¿Y cómo?— insistí.
—No sé, nunca.
(En ocasiones como esa el adolescente era yo, no vos).
—Pero alguna vez tenés que haber sentido algo por alguien, pienso.
—Sí, puede ser. Pero no amor. No estar enamorada, quiero decir.
—La gente no te gusta— avancé.
—Me da miedo. A veces tengo miedo y no quiero ver a nadie.
—Y entonces qué hacés.
Te sonreíste.
Nada. Me quedo encerrada. Después se me pasa y salgo, camino... Vengo acá—terminaste después de un ínfimo momento de duda, como si no estuvieses segura de terminar así la frase.
No dije nada. Comprendí que esa duda era lo que nos separaba sin que nos diésemos cuenta, pero comprendí además que esa duda era el abismo que te separaba del resto de las personas. Y yo no podía hacer nada por traerte a este lado. Creo que vos misma no sabías cómo hacer, a pesar de que ambos sospechamos, cada uno por su lado y con sus tiempos, que cuando estuvimos en el mar hubo una oportunidad, débil quizás pero oportunidad al fin, de cambiar nuestras vidas. Entonces te pregunté por qué venías, por qué nos veíamos, y vos me dijiste aquello de que lo hacías porque te sentías bien.
Me siento bien, no pienso, me río.

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