Déjenlo en su mundo, un mundo muy poco profundo, donde no se rie, donde no se llora, donde no se vive a pleno ni el presente ni el ahora.

viernes, 16 de abril de 2010

Nos estábamos engañando mutuamente, pero en ese engaño compartido y sabido, aunque nunca pronunciado en voz alta, radicaban nuestras esperanzas de romper ese hechizo que nos devoraba. Era como una carrera contra reloj, en donde quien tenía el reloj podía, con libertad, adelantar la hora hasta el límite. Pero esos tres días nos mostraron que al menos algo había sido posible, que pudimos detener el tiempo unas horas, que la felicidad anida en los gestos más nimios y en los lugares más habituales.

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Hoy asume lo que venga