Déjenlo en su mundo, un mundo muy poco profundo, donde no se rie, donde no se llora, donde no se vive a pleno ni el presente ni el ahora.

miércoles, 24 de febrero de 2010

A un cadete acostumbrado a las corridas, la vergüenza ya le pisa los talones. Lamentando el precio de sus confesiones va esquivando ejecutivos por Florida.
Mientras cruza sin mirar las avenidas se martilla la cabeza sin piedad, vuelve con los ojos llenos de perdón. Pero es demasiado tarde y ella le da un beso de esos que humillan a la soledad.
Por el centro todos conocen la historia del más pillo y la más bella del condado, y aunque tiene momentos de poca gloria es un cuento que merece ser contado.
Cuando el amor se tomó unas vacaciones la vida le dio milonga y el bailó, nunca le dijo que no a otros rocanroles. Pero Steve Ray Voughan fue testigo de esa magia que los condenó a vivir eternamente entre el tedio y la pasión, el instinto y la razón, entre la perseverancia y la cruel resignación. Esa magia que no los va a dejar ser dos amantes del montón.
Ahora ella va a dos mil por hora por la vida, pisa el freno sólo para sus dos críos; él supo hacerse más compañero del frío, ese que le hacía sangrar por la herida.
Si hoy la describo, digo profeta Mahoma, una vez hecho un trato ya lo consiguió, y él adquirió una gran filosofía de goma y zapatos baratos, eso no cambió.
Ninguno de los dos creía en el destino y este se vengó. Para hacerse notar les va poniendo más piedras en el camino. Pero yo les juro fui el testigo de esa magia que ellos seguirán compartiendo eternamente entre el tedio y la pasión, el instinto y la razón, entre la perseverancia y la cruel resignación. Esa magia que no los va a dejar ser, nunca los va a dejar ser, dos amantes del montón.

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